¿— ¿Sabes conducir?
— No mucho, pero ahí resuelvo, respondí.
— ¿Sabes conducir?
— No mucho, pero ahí resuelvo, respondí.
Acababa de regresar al país y era mi primera entrevista de trabajo. Buscaba trabajar en un laboratorio de genética de camarón y, la verdad, ni siquiera tenía licencia de conducir.
Conseguí la plaza y no tardé mucho tiempo en demostrar que no sabía conducir. Llegó el primer choque “pequeño”; luego, el segundo, el tercero y el cuarto, hasta que Rafael, mi jefe, se enteró.
Pudo haberme botado sin mayor explicación y en todo su derecho expresar su frustación, pero no lo hizo. Ante esto, decidió mostrar su compasión e interés hacia mí y me dijo “Es necesario que tengas tu licencia de conducir y, con el tiempo, verás que esto pasará de ser un estrés adicional a una herramienta de trabajo”.
Se lo agradecí. Obtuve mi licencia, mejoré mis habilidades al volante y jamás volví a chocarme pero, lo que siempre recordaré de esto es cómo Rafael utilizó la indulgencia para explotar mi potencial y el de mi equipo.
¿Cuántas veces hemos nos hemos inclinado por la represión con la idea implícita de que el que falló aprenderá de sus errores? El problema con esto es que estamos matando la cultura de experimentar y, con esto, limitando la capacidad de aprendizaje e innovación de nuestro equipo.
Ante esto, acá te dejo tres pasos para ser más compasivos:
Detente y piensa. Controla tus emociones y domínate. Aléjate y relájate, esto te pondrá en un estado mental capaz de dar una respuesta amable, razonable y considerada, pero ojo, no finjas no estar molesto, te saldrá más caro.
Sé empático. Ponte en su lugar y siempre regresa a la premisa inicial, nadie en el equipo quiere hacer las cosas mal, a propósito.
Perdona. Claro que la empatía te ayudará, pero debes saber que al perdonar, reducirás tu presión arterial y la de la persona a quien perdonas :), serás más feliz y estarás más satisfecho con la vida.
Al final del día, quien falló igual aprenderá la lección, pero con una gran diferencia: no fueron destruidos y eso hará que quieran ser mejores por ti y por ellos, porque fuiste amable con ellos.
Te quiero,
Millán


