RETARNO
La familiaridad puede ser una amenaza más grande que muchos peligros identificables a simple vista, porque es un asesino silencioso…
La familiaridad puede ser una amenaza más grande que muchos peligros identificables a simple vista, porque es un asesino silencioso. Acostumbrarte a ella, asentarte completamente en tu zona de confort, día a día, va consumiendo tu vida. Progresivamente te hace más leal a ella, y se vuelve cada vez más complicado dejarla ir. Son arenas movedizas, en las que no te das cuenta que te están hundiendo; hasta que décadas después, te encuentras hasta el cuello. Inmóvil, anonadado ante el tiempo que dejaste pasar, envuelto por la comodidad que sentías, ahogado por un montón de “¿Qué habría pasado si…?”
Es el síndrome de Estocolmo más común del mundo.
Lo curioso, es que incluso cuando nos planteamos retos que nos hacen temblar las piernas, y nos lanzamos a perseguirlos, esa tranquilidad y comodidad que logramos dejar atrás, trata de regresar a nosotros. Sigue tocando nuestra puerta para adaptarse a nuestro nuevo modelo. Te pide que quizá bajes un poco las expectativas, que le des un margen de error más grande, o que prepares un plan B. Te deja una invitación abierta para rendirte y regresar a ella si en algún momento el panorama deja de verse prometedor.
Sucede cuando tomamos decisiones pequeñas, como lo que nos pondremos en la mañana o lo que vamos a desayunar, y sucede cuando tomamos decisiones que nos cambiarán la vida. Un parte de tu mente te pide desesperadamente que regreses a lo cómodo, a lo fácil, ante cualquier obstáculo.
Pasó con el rodaje de From Core To Sun: Teníamos planificado un cronograma de seis meses para lograr la aventura. Pero al momento de tramitar permisos y preparar la logística, la vida nos dijo “No son seis, son dos.” Sonaba absolutamente absurdo. La familiaridad y comodidad saltaron y nos dijeron al oído que definitivamente no lo íbamos a lograr. Que al menos lo habíamos intentado, pero era hora de volver a casa. Decirle que no,tras escuchar todo eso toma una fuerza de voluntad, y una fe impresionante. Pero si el propósito está claro, y el sueño es lo suficientemente importante para ti, lo haces: respirar y entender que la mayoría del tiempo, la vida no emula tus planes. Ajustar, y lanzarte.
Fueron, finalmente, un total dos meses para el rodaje; un tercio de lo que habíamos estimado. Y, ¿saben qué? ahí está la película que soñamos. Tal como la imaginamos, recorriendo el mundo e impactando a miles de personas. De haber escuchado esa voz que nos dijo que no iba a poderse, que era muy poco tiempo, que regresáramos a donde estábamos cómodos, la película probablemente no existiría. El atrevimiento que tuvimos de intentarlo igualmente y lograr cosas increíbles que hicimos, me hizo preguntarme: ¿Por qué pensamos que necesitábamos tanto tiempo, al inicio? En nuestro plan original, podríamos haber rodado en realidad tres películas, y no lo sabíamos. ¿Qué pasó?
Existe un principio llamado la ley de Parkinson, que establece que el trabajo se expande al tiempo total que le asignes. Esto significa que cuanto más tiempo se tenga para hacer algo, más divagará la mente y más problemas serán planteados. En esta lógica, si hubiéramos dicho “la producción de From Core To Sun tomará cuatro años”, estaríamos el día de hoy, aún ahí metidos, rodando exactamente la misma película que hoy está en iTunes.
Nos pasa a todos, y es una mecanismo que tiene nuestra mente para traducir algo de esa comodidad y familiaridad a nuestros nuevos planes. Apegarse al tiempo asignado, no presionarte para lograrlo mucho más rápido, ni mejor. Crear nuevos problemas de los que se podría haber prescindido, que podrían entorpecer el proceso. Son mecanismos a los que recurrimos constantemente, sin darnos cuenta.
Pero una vez que lo ponemos sobre la mesa, y recordamos todas las veces que hemos desafiado estos esquemas de pensamiento y salido victoriosos, comenzamos a asimilar el verdadero potencial que tenemos dentro de nosotros. ¿Recuerdas todas esas veces que pensaste que tenías muy poco tiempo para lograr algo? Pero lo hiciste. Todas las veces que tuviste el agua al cuello, e igual saliste. En este caso, la Ley de Parkinson confabuló a tu favor, y tu mente fue capaz de organizar todas las tareas necesarias para llevarte al éxito, en el limitado tiempo del que disponías. Ni más, ni menos.
Es evidente entonces que somos capaces de lograr cosas extraordinarias, y de lograrlas en poco tiempo. Creo que es momento de aprovechar esa capacidad increíble que tenemos. De retarnos a jugar en el área en la que destacamos: lejos de la comodidad, de la familiaridad, y muy cerca de la urgencia y de aquello que realmente nos reta.
¿Qué te parece si la próxima vez que te plantees un proyecto, la resolución de un problema o la persecución de alguna meta, reduces el margen de tiempo que originalmente plateaste, a la mitad? ¿Qué tal si le damos el voto de confianza a nuestra mente, de que en realidad puede hacer más? Tienes todo lo necesario para salir victorioso. Cuando propiciamos ambientes en los que nuestra mente ponga en práctica estos mecanismos a nuestro favor, todo cambia.
Atrévete a retarte, a poner a tu cerebro prueba. Te prometo Lo vas a lograr, no solo lo digo yo, también te lo asegura Cyril Parkinson.


