¿Qué pasa cuando te dejas de justificar?”
La excusa más cara que pagás cada día
¡Hola, owner!
Las excusas no siempre suenan como excusas.
Muchas veces suenan razonables.
Lógicas.
Casi nobles.
“No tengo tiempo, tengo mil cosas encima.”
“Ahora no es el momento, estoy esperando que pase esto.”
“No quiero arriesgar lo que ya tengo.”
Y así… justificás.
Justificás por qué no te movés.
Por qué no hablás.
Por qué no decidís.
Justificás por qué seguís postergando ese cambio que sabés perfectamente que necesitás.
Y hay algo que te lo tengo que decir directo:
Nadie recuerda a los que se justificaron.
Recordamos a los que se atrevieron.
A los que dijeron “igual lo hago”.
A los que dejaron de esperar la aprobación de otros para honrarse a sí mismos.
Porque cuando dejás de justificarte…
te obligás a asumir tu poder.
Y eso da miedo.
Porque cuando ya no tenés excusas, no hay a quién culpar.
Solo estás vos… con vos.
Ahora, mirá esto con honestidad:
¿Cuántas veces te contás el mismo discurso?
“Ya lo voy a hacer.”
“Lo estoy pensando.”
“Estoy viendo cómo organizarme.”
¿Hace cuánto tiempo venís diciendo lo mismo?
¿Y cuánto más vas a seguir convenciéndote de que es una decisión “inteligente”, cuando en el fondo sabés que es miedo?
Te cuento algo que me tocó aprender:
Lo que no accionás, te termina apagando.
Las ideas no sirven de nada sin movimiento.
Y las ganas, si no se canalizan, se transforman en frustración.
Y después te encontrás diciendo:
“Yo quería… pero no pude.”
“Yo soñaba con eso… pero no se dio.”
“Yo estuve a punto de hacerlo… pero no era el momento.”
La excusa más cara no es la que te hace perder tiempo.
Es la que te hace perder versiones de vos mismo que ya no van a volver.
Así que hoy, sin rodeos:
📌 ¿Cuál es esa justificación que venís usando como escudo?
Nombrala.
Desactivala.
Actuá.
No se trata de ser radical.
Se trata de ser sincero.
Porque no hay mayor libertad que dejar de mentirte a vos mismo.
Saludos,


