No te rechazan, te redirigen
— Ok, ¿qué puede hacer usted, con tres centímetros más de estatura, que yo? ¿Cambiar un foco, tal vez?
En el esfuerzo de mis padres por darnos la mejor educación posible, estudié en un colegio militar. No era un alumno altamente disciplinado y siempre me pregunté si este tipo de colegios no eran algo más que centros de adoctrinamiento.
Al graduarme, lo descubrí. Quería ser Oficial de Marina.
Rendí los tests de admisión -físicos, académicos, sicológicos y médicos-. Llegó el día de resultados y, aunque me sentía seguro y confiado por mi rendimiento, no aparecía en la lista de aceptados.
Leí una y otra vez las once páginas del listado de aceptados. No aparecía. Volvía a leerlo, primero buscando mi primer nombre, luego el segundo, luego por apellido... con el tiempo lo iba teniendo claro. Pensé que había un error en el listado. Fui a la oficina administrativa local y me quedó claro:
había sido rechazado por no cumplir la estatura mínima requerida.
No había mucho nada más que hacer, aparentemente. Dos días más tarde, estaba en las oficinas centrales de la Marina.
— Buenos días, ¿Puedo hablar con el director?
— ¿Tiene cita?
— No, acabo de llegar desde Guayaquil.
— Lo siento, no puedo anunciarlo.
Disparé mi frustración, con la inseguridad del capricho.
— Acaban de rechazarme por mi estatura. Me faltan tres centímetros y me gustaría hablar con el director sobre esto.
Viéndome de pies a cabeza, sentenció
— ¿Cree que hay un error en la medición de su estatura o prefiere ignorar los requisitos?
— Supongo que la medición es correcta. Solo quiero consultarle al comandante lo que él puede hacer con tres centímetros más de estatura que yo no pueda.
Para este momento, aunque en cierta forma había aceptado el rechazo, también me sentía con la libertad de decir lo que pensaba.
— Lo siento, no puedo anunciarlo, el director tiene una agenda que cumplir.
— Ok, lo esperaré.
Me senté en la sala de espera y estuve allí casi tres horas. Un café, dos idas al baño a orinar y la casi memorización de las tres revistas que estaban en la mesa después, salió el director.
Me vio e, intrigado, le susurró algo a Marta preguntándole por mí. Evitándome con la mirada, volvió a entrar.
Minutos más tarde, la propia bondad de Marta le había ganado, me dijo
— En dos minutos saldrá [él]. Le pedí a su edecán que te permita acercarte. Abórdalo cuando salga del despacho y acompáñalo al carro.
La puerta del despacho se abrió, lo abordé y le extendí mi mano.
— Comandante, buenas tardes, mi nombre es Millán, el que estaba en su despacho y quiero ser Oficial de Marina. Apliqué y he sido rechazado.
— Lo siento hijo, dijo sin detenerse.
Último intento, no quedaban muchos metros para el carro.
— Gracias. El problema es que fui rechazado porque mido tres centímetros menos de lo que piden.
Regresó su mirada a mí.
— Lo siento, no puedo hacer nada.
— Comandante, no estoy pidiéndole que haga algo, aunque esta sería una buena oportunidad.
— ¿Para permitir que gente pequeña ingrese a la Escuela?, arremetió con ironía.
— Depende cómo defina pequeño. Y si piensa que tres centímetros pueden marcar la diferencia en mis valores, compromiso e inteligencia, dígame entonces, ¿qué puede hacer usted con esos centímetros que yo no pueda? ¿Cambiar un foco, tal vez?
Se detuvo. Regresó a ver a los lados y, mirándome fijamente, me dijo:
— Esas son las reglas. No es mi culpa que seas pequeño, no sé para qué sirve el requisito. Lo que sí sé es que si te permito entrar, la culpa será mía.
Hizo un gesto a su edecán y me apartaron de él. El carro se fue y, con él, mi sueño.
Hoy que te lo cuento, la reflexión que quiero compartirte es que, a veces, uno pretende estar en sistemas donde no comparte visiones. Al principio puede ser poca cosa; con el tiempo, los valores y la visión de cada uno marca tu hoja de ruta y uno sabe claramente cuando no está en el camino.
En mi caso, quería entrar en un sistema donde quizá el seguimiento no crítico de reglas pesaba más que las ideas. Con los años entendí que ese no es mi mundo y también comprendí, que no te rechazan, solo te redirigen.
Te quiero,
Millán
Si me atrevo a contarte cuáles son las preguntas que más recibo luego de dar una conferencia, diría que son estas:
Millán, ¿cómo haces para lograr imposibles?
¿Cómo empiezo?
¿Cómo descubro qué quiero realmente?
¿Cómo mantengo mi enfoque y disciplina ante desafíos enormes?
Son preguntas que siempre recibo.
¿Mi respuesta?
Con los años he aprendido que no se trata solo de ser "fuerte" o tener talento, se trata de saber exactamente qué quieres, de tener claro tus objetivos y un método sólido para llegar hasta allí.
Yo lo tengo. Lo creé durante estos últimos 11 años, paso a paso, en los lugares más extremos de la Tierra. Es mi método, está probado y es único en el mundo.
Por esto creé una clase gratuita para ti, porque quiero compartirte mis secretos con los que logré vivir —y muy bien— de mi pasión.
Esto no es teoría, es real. Lo que te compartiré son mis prácticas diarias para que tú también empieces a usarlas desde ya y avances hacia la vida que siempre has querido.
¿Te hace sentido?
Te espero,
Hay algo poderoso en llegar a una ciudad y saber que no solo traigo una maleta…
Traigo una misión: encender voluntades, activar decisiones, romper inercias.
En mayo estaré en varias ciudades y esta podría ser tu oportunidad ideal para que lleves toda esa energía a tu empresa, a tu equipo, ¡sin tener que preocuparte por mover montañas logísticas!
Te las comparto,
Cancún – 9 de mayo
Guadalajara – 14 de mayo
Puerto Vallarta – 17 de mayo
Miami – 18 de mayo
Guayaquil – 20 de mayo
Baja California – 23 de mayo
Ciudad de México – 29 de mayo
Si quieres aprovechar mi paso por tu ciudad para organizar una conferencia, un espacio privado con tu equipo o una experiencia transformadora, que sepas que ¡este es el momento!
Yo ya voy a estar ahí. Lo único que falta es tu decisión.
🗣️ Convérsalo con mi equipo y ¡hagámoslo posible!
Estar en el podcast de BBVA, en Madrid, no fue casualidad. Fue decisión.
Durante años visualicé este momento.
Cada vez que salía a correr en CDMX y veía la gran torre de BBVA, me repetía: vas a estar ahí.
Y el día llegó.
Participar en este podcast no fue solo una entrevista. Fue una declaración: nada está demasiado lejos si eliges acercarte cada día.
Hablamos de sueños imposibles, de romper miedos, de cómo llevar el cuerpo y la mente a sus límites… y más allá.
Fue una conversación profunda, real y, sobre todo, humana.
Y si alguna vez pensaste que algo era imposible, este episodio es para ti.
En From Core to Sun te llevo a un viaje real, extremo y emocional: desde el punto más profundo de la Tierra hasta su punto más cercano al sol.
No es solo una película. Es una historia de propósito, dolor, fe y decisión.
Es el retrato de una vida que eligió decir sí, incluso cuando todo decía no.
Corrí en el Sahara, respiré el hielo de la Antártida, subí al Chimborazo y bajé al fondo de la mina más profunda del planeta… no para demostrar nada al mundo, sino para recordarme que el límite siempre ha sido mental.
From Core to Sun está disponible en Amazon Prime Video y Apple TV.
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