Inténtalo
— ¡Reemplacemos el azúcar!, dije emocionado.
— ¡Reemplacemos el azúcar!, dije emocionado.
Esta sería la idea que nos convertiría en los jóvenes que cambirían la agroindustria mundial. La idea: mezclar estevia con un medio inerte cristalizado no calórico para que el consumidor siga poniéndole la misma cantidad de cucharadas de “azúcar” a sus bebidas, pero sin calorías.
Ganamos el concurso. Teníamos los fondos inciales y estábamos a semanas de graduarnos, pero nunca empezamos. Ni siquiera cobramos el premio.
Años más tarde, vi la idea implementada a nivel mundial por un gigante del sector. Mi reacción fue “(…) wow, ¡sí tenía futuro!” y luego la frustración, ¿Por qué nunca lo hicimos?
Habrá mil respuestas, pero no es tan raro como parece. ¿Te ha pasado? ¿Cuántas ideas, proyectos, sueños habremos matado por no intentarlo?
Inténtalo. Porque no importa si ganas o pierdes, al menos serás dueño de tu vida. Mira a tu alrededor — en tu oficina, en tu familia, en tu grupo deportivo, amigos — y dime ¿Cuántos dicen que son dueños de su vida?¿Cuántos parecen que lo son?¿A cuántos les crees? Como ves, no es tan obvio el tema.
Inténtalo. Porque no son los grandes movimientos los que cambiarán tu vida, sino los pequeños, los que hacemos en el día a día, son estos los que nos dan el norte y feedback en tiempo real; y, son estos los que harán que ese gran cambio sea mucho más grande de lo que imaginaste jamás.
Inténtalo. Aquí y ahora, en donde sea que estés y no donde quisieras estar. Arranca cuando te tiemblen las piernas, cuando sientas miedo, duda o dolor, y no cuando sientas confianza, certeza y gozo, porque sospecho que ese momento nunca llegará, sea porque tu hora final está marcada o porque ya decidiste que ese momento jamás llegará.
Inténtalo y deja que te critiquen lo que no.
Te quiero,
Millán


