Andamos como fracasados
El próximo año lo hago. Nos pasa y frecuente. Básicamente porque es el comodín para mantenernos alejados de la sensación de fracaso.
El próximo año lo hago. Nos pasa y frecuente. Básicamente porque es el comodín para mantenernos alejados de la sensación de fracaso.
A nadie le gusta fracasar y creo que ahí no está el problema. La cuestión está en que andamos como fracasados por el mundo, esperando el mejor momento para empezar hacer algo que valga la pena.
Pero, ¿Llegará? ¿Realmente, llegará?
La biología se impone y nuestro instinto de supervivencia hace que planifiquemos a 30, 40 años. Nos endeudamos a largo plazo, soñamos con ver a nuestros hijos graduarse de la universidad e, incluso, nos posponemos ese viaje que tanto queremos, porque nos aferramos a pensar que el pronóstico se cumplirá.
Esto hace que seamos ineficientes con nuestro tiempo cuando, al final del día, lo único real es que es que ni siquiera sabemos si hoy llegaremos a nuestras casas.
Entonces, si no sabemos cuándo terminará nuestra vida… ¿Por qué seguir insistir en hacerlo el próximo año?
No hay momento perfecto. Tampoco tiempo.


